lunes, 4 de enero de 2010

LA ELECCIÓN DE LOS INVITADOS

Entre los numerosos preparativos que preceden a una invitación en casa, quizá el de mayor importancia sea la selección de los invitados. El consejo clásico es el de no intentar reunir a un grupo demasiado heterogéneo, mezclando a personas que no se conocen de antemano, con el noble fin de hacer más entretenida la velada, diversificar las conversaciones y facilitar nuevos contactos. En principio, por prudencia, es mejor mantener alguna línea de afinidad entre los invitados de manera que no se exija a ninguno de los presentes un excesivo esfuerzo. Ahora bien, también hay que decir que si el anfitrión se limita a convocar a personas que habitualmente comen juntan, la rutina puede estropear la cita.

No es obligatorio que exista una proporción exacta entre los invitados de uno u otro sexo pero si conviene que ninguno de los dos sea claramente dominante. Si todas las personas forman parejas salvo una o dos, ofrézcales a estas la posibilidad de acudir con un acompañante, aunque tampoco sucede nada si se presentan solas.

A la hora de fijar el número de invitados, sea prudente y no peque de exceso; asegúrese de que todos estarán cómodos tanto en la mesa del comedor como en el salón, para el aperitivo y el café, sin ningún tipo de apretura. Si el número de personas excede de la disponibilidad de espacio que permite su hogar, es mejor acudir a un restaurante o dividir en varias la reunión que tenía prevista.

Una vez confeccionada y revisada la lista de invitados, convóquelos por teléfono con razonable anticipación y haga una segunda “ronda” de recordatorio y confirmación. Sólo las celebraciones muy formales exigen hoy en día una invitación “a casa” por escrito. Si su hogar se encuentra en un lugar de difícil acceso, ofrezca las explicaciones pertinentes y sugiera incluso los estacionamientos públicos más próximos.

En vez de anfitrión puede usted ser invitado. Recuerde entonces que la próxima vez deberá intercambiar los papeles: es decir, cuando acepte una invitación corresponda con otra en el plazo máximo de unos dos o tres meses. En el caso de las personas solteras etas comúnmente aceptado que contesten a las invitaciones con otras que tengan como marco un lugar público.