La regla de oro para conseguir comportarse bien en público es sencilla en extremo: hacerlo también en casa. Las personas que son realmente correctas y educadas no tienen el problema de como desenvolverse ante los demás, pues su conducta es la misma cuando están en la calle que cuando permanecen en el domicilio con su familia. Además los buenos modales no son auténticos si sólo se emplean en algunas ocasiones. Para ser verdaderos habrán de ejercerse continuamente.
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jueves, 23 de septiembre de 2010
LA CORTESIA EN LA CALLE Y EN LUGARES PÚBLICOS
Es en la calle territorio publico por antonomasia, donde la libertad personal da cada uno queda condicionada por el deber de compartir el espacio y los bienes comunes con los demás. Las reglas de cortesía cobran una especial dimensión en los lugares públicos y permiten distinguir un país civilizado de un campo de batalla.
Las cuatro reglas básicas de la cortesía en la calle son las siguientes:
Ceder el paso
Ceder el paso ante puertas y lugares estrechos. Desde hace siglos, la buena educación obliga al hombre a ceder el paso a una mujer ante una puerta o lugar estrecho de paso. Lo mismo hará un joven si acompaña a una persona de edad y cualquiera que camine junto a alguien a quien considere de mayor rango.
Esta norma tiene una excepción, según la cual se invierte el orden de entrada o de paso cuando el lugar al que se acceda presente algún tipo de peligro o inconveniencia: un ascensor, una pequeña embarcación, una avioneta, etc. Si la puerta que se cruza es de vaivén, el que pasa delante debe sujetarla durante el tiempo suficiente para que quien venga detrás la alcance con su propia mano, evitando así que le golpee.
Ceder asientos
Se trata también de una regla antigua por la que se considera preceptivo que los caballeros cedan el asiento a mujeres que carezcan de él, y que tanto hombres como chicas jóvenes hagan lo mismo con señoras de avanzada edad. La norma es inexcusable ante ancianos, personas impedidas, mujeres embarazadas o que lleven un niño en brazos.
Llevar la carga pesada
El hombre o la persona más joven será quien cargue con maletas, bultos o paraguas
Higiene elemental
En la calle, no se deben arrojar al suelo papeles, cigarrillos ni ninguna clase de basura, buscando, en caso de necesitarlo, una papelera o algún otro tipo de contenedor. Por supuesto, es de pésima educación escupir.
Las cuatro reglas básicas de la cortesía en la calle son las siguientes:
Ceder el paso
Ceder el paso ante puertas y lugares estrechos. Desde hace siglos, la buena educación obliga al hombre a ceder el paso a una mujer ante una puerta o lugar estrecho de paso. Lo mismo hará un joven si acompaña a una persona de edad y cualquiera que camine junto a alguien a quien considere de mayor rango.
Esta norma tiene una excepción, según la cual se invierte el orden de entrada o de paso cuando el lugar al que se acceda presente algún tipo de peligro o inconveniencia: un ascensor, una pequeña embarcación, una avioneta, etc. Si la puerta que se cruza es de vaivén, el que pasa delante debe sujetarla durante el tiempo suficiente para que quien venga detrás la alcance con su propia mano, evitando así que le golpee.
Ceder asientos
Se trata también de una regla antigua por la que se considera preceptivo que los caballeros cedan el asiento a mujeres que carezcan de él, y que tanto hombres como chicas jóvenes hagan lo mismo con señoras de avanzada edad. La norma es inexcusable ante ancianos, personas impedidas, mujeres embarazadas o que lleven un niño en brazos.
Llevar la carga pesada
El hombre o la persona más joven será quien cargue con maletas, bultos o paraguas
Higiene elemental
En la calle, no se deben arrojar al suelo papeles, cigarrillos ni ninguna clase de basura, buscando, en caso de necesitarlo, una papelera o algún otro tipo de contenedor. Por supuesto, es de pésima educación escupir.
LA CONDUCTA CORRECTA EN LA CALLE
Cuando se camina por a calle junto con otra persona, el lugar de honor es el más alejado de la calzada, por entenderse que quien anda más próximo a ella protege al otro de posibles percances. Por esta razón, las normas tradicionales de buenos modales señalan la conveniencia de que el hombre ceda dicho lugar a la mujer o la persona mas joven a la de edad superior.
En el caso de caminar en grupo, los varones y las personas más jóvenes se colocarán en los extremos, ya que se entiende que la zona del centro es la mejor y más destacada por hallarse más protegida.
Al estar en movimiento puede ser preciso cambiar varias veces de posición para continuar caminando y manteniendo las preferencias antes señaladas. Los cambios deben hacerse tan rápida y discretamente como se pueda para que no parezcan una maniobra ni se interrumpa la conversación que habitualmente se mantiene mientras se pasea.
No es correcto caminar formado una hilera a lo ancho y ocupando toda la acera, ya que ello dificultaría el transito de otras personas y podría interrumpir su paso.
Si caminamos por la calle con un amigo y nos encontramos con un tercero a quien nuestro acompañante no conoce, debemos presentarlo de inmediato. Se considera, sin embargo, un detalle de discreción que el acompañante se aparte un poco para que la presentación no parezca obligada. Aún así, salvo excepciones, lo adecuado es llamar a nuestro amigo y presentarle al recién llegado. En encuentros fortuitos en la calle, la conversación ha de ser breve. En todo caso, la despedida la iniciará la persona de más respeto o categoría.
En el caso de caminar en grupo, los varones y las personas más jóvenes se colocarán en los extremos, ya que se entiende que la zona del centro es la mejor y más destacada por hallarse más protegida.
Al estar en movimiento puede ser preciso cambiar varias veces de posición para continuar caminando y manteniendo las preferencias antes señaladas. Los cambios deben hacerse tan rápida y discretamente como se pueda para que no parezcan una maniobra ni se interrumpa la conversación que habitualmente se mantiene mientras se pasea.
No es correcto caminar formado una hilera a lo ancho y ocupando toda la acera, ya que ello dificultaría el transito de otras personas y podría interrumpir su paso.
Si caminamos por la calle con un amigo y nos encontramos con un tercero a quien nuestro acompañante no conoce, debemos presentarlo de inmediato. Se considera, sin embargo, un detalle de discreción que el acompañante se aparte un poco para que la presentación no parezca obligada. Aún así, salvo excepciones, lo adecuado es llamar a nuestro amigo y presentarle al recién llegado. En encuentros fortuitos en la calle, la conversación ha de ser breve. En todo caso, la despedida la iniciará la persona de más respeto o categoría.
ASCENSORES Y ESCALERAS
Si vamos a entrar en un ascensor o acabamos de acceder a el, y vemos que alguien e aproxima, lo detendremos con la puerta abierta para no dejar fuera al que llega. Si han esperado por nosotros, agradeceremos e gesto. No se intentara entrar en un ascensor excesivamente lleno, pues ello contraviene las normas de seguridad propias y ajenas. Si hay demasiadas personas esperando uno, ofrezcámonos para aguardar al siguiente turno, cediendo el paso y uso a las personas mayores y a quienes vayan cargadas con bultos.
Aunque no conozcamos de nada a los que utilizan el ascensor junto a nosotros, lo correcto es saludar al entrar y al salir. Quien ha entrado primero o quien ha quedado más próximo al panel de mandos, preguntará a los demás a que piso van y pulsará los botones por orden. Deje espacio para que salgan quienes van a abandonar el ascensor antes que usted.
Al subir y bajar las escaleras, el lugar de preferencia, que se debe ceder inexcusablemente a personas de edad, es siempre el más cercano al pasamanos. Este, en principio, se deja para los que descienden.
Aunque no conozcamos de nada a los que utilizan el ascensor junto a nosotros, lo correcto es saludar al entrar y al salir. Quien ha entrado primero o quien ha quedado más próximo al panel de mandos, preguntará a los demás a que piso van y pulsará los botones por orden. Deje espacio para que salgan quienes van a abandonar el ascensor antes que usted.
Al subir y bajar las escaleras, el lugar de preferencia, que se debe ceder inexcusablemente a personas de edad, es siempre el más cercano al pasamanos. Este, en principio, se deja para los que descienden.
LAS COLAS
El hecho de que esperar, guardando un turno y formando cola, pueda hacernos perder la paciencia supone al mismo tiempo que ésta es una de las ocasiones en la que se demuestra la buena educación en lugares públicos.
Por supuesto, la primera regla es respetar el turno que tenemos y no intentar ocupar el de los demás, ni tampoco hacer que alguien se adueñe del que o le corresponde, si, por ejemplo, mientras esperamos llega un conocido al que queremos “colar”.
Del mismo modo que la cortesía exige que no trataremos de pasar antes que las personas que llevan más tiempo esperando, existe también una norma no escrita que nos autoriza a reclamar, con delicadeza pero firmemente, que los demás respeten su lugar en la cola sin saltarse el nuestro.
Por supuesto, la primera regla es respetar el turno que tenemos y no intentar ocupar el de los demás, ni tampoco hacer que alguien se adueñe del que o le corresponde, si, por ejemplo, mientras esperamos llega un conocido al que queremos “colar”.
Del mismo modo que la cortesía exige que no trataremos de pasar antes que las personas que llevan más tiempo esperando, existe también una norma no escrita que nos autoriza a reclamar, con delicadeza pero firmemente, que los demás respeten su lugar en la cola sin saltarse el nuestro.
LA CORTESÍA AL VOLANTE
Muchas personas cambian ostensiblemente su comportamiento e incluso su carácter habitual cuando se colocan al volante de un vehículo, adoptando una agresividad, impaciencia y desconsideración inusuales.
Además de cumplir con las normas del código de circulación, obligatorias por ley, el conductor extremará su educación recordando que las expresiones de perdón y agradecimiento (con un gesto de la mano, con las luces o con un leve toque de claxon) también hay que aplicarlas en medio del trafico y que los insultos e improperios están siempre fuera de lugar. Intente no entorpecer a los otros vehículos con sus acciones, sea condescendiente con los errores ajenos y recuerde que, además de quienes van sobre ruedas, en calles y carreteras hay otro protagonista, el peatón, que es más débil y se encuentra más desprotegido.
Con el coche parado
La cortesía se demuestra ya antes de poner en marcha el vehículo, que hay que mantener en todo momento limpio y ordenado. El hombre abrirá la puerta a la mujer desde el exterior, y la cerrara con suavidad una vez ella se haya acomodado, después de dará la vuelta al coche para ocupar su asiento. Si una mujer accede al asiento trasero, no tendrá que moverse en él para dejar espacio a otra persona, sino que esta rodeará al vehículo para entrar por el otro lado. Si ello no fuera posible, entrará primero el hombre o la persona más joven, para evitar movimientos incómodos a la mujer o persona de más edad. Estas reglas operan en sentido inverso a la hora de abandonar el coche.
En el interior del vehículo, no se debe fumar, poner la radio o abrir las ventanillas sin consultar antes a los demás.
Los ocupantes del coche dejaran la conducción a cargo de quien lleva el volante, sin hacer continuas observaciones y consejos, que, además de demostrar falta de confianza, puede poner nervioso al conductor.
Protocolo de asientos
Los lugares a ocupar en el interior del vehículo guardan también su propio protocolo. Cuando lo conduce un chofer profesional, el lugar preferente es el de la derecha en la parte posterior del coche, por lo que si, además del chofer viajan dos personas, el propietario del vehículo o el de menos categoría ocuparán el asiento posterior izquierdo. Solo cuando el automóvil esté ocupado por más de dos personas, además del conductor profesional, uno de ellos se sentará delante.
Si conduce el propietario del coche, el lugar preferente es el del otro asiento delantero. En todo caso, esta plaza deberá ir siempre ocupada para que no parezca que quien conduce está ejerciendo de chofer sin serlo.
Procure que los gestos al bajarse del coche sean correctos y armoniosos. Si es mujer y lleva falda, cuide especialmente sus movimientos. Lo mejor, es tras abrir la puerta, ladear el cuerpo hacia el exterior, sacar primero el pie más próximo a la portezuela y luego el otro, saliendo con un leve impulso y manteniendo la cabeza un poco baja hasta estar completamente fuera.
A la hora de conducir, además de cortesía, algunas situaciones son incluso una demostración de solidaridad:
- Si encontramos un coche averiado, nos detendremos para preguntar si necesita ayuda y os ofreceremos para pedir los servicios de un taller. Si se trata de un pinchazo de rueda, podemos ayudar a cambiarla. Por supuesto, estos gestos deberán ser adecuadamente agradecidos.
- Si encontramos un vehículo accidentado, nuestra ayuda puede llegar a salvar una vida. Pasar de largo no sólo es un delito de omisión de socorro, es también una gravísima falta de insolidaridad.
- Si golpeamos a un automóvil que esta aparcado y vacio, lo correcto es dejar una tarjeta o nota con nuestros datos personales, incluido el número de teléfono, para que el perjudicado nos localice y pueda gestionar la reparación con la compañía de seguros.
- Si chocamos con otro vehículo en plena circulación, lo más importante es conservarla calma y no enzarzarse en discusiones bizantinas sobre las responsabilidades del golpe. Hay que cubrir los impresos del seguro y dejar que los profesionales resuelvan el problema.
Además de cumplir con las normas del código de circulación, obligatorias por ley, el conductor extremará su educación recordando que las expresiones de perdón y agradecimiento (con un gesto de la mano, con las luces o con un leve toque de claxon) también hay que aplicarlas en medio del trafico y que los insultos e improperios están siempre fuera de lugar. Intente no entorpecer a los otros vehículos con sus acciones, sea condescendiente con los errores ajenos y recuerde que, además de quienes van sobre ruedas, en calles y carreteras hay otro protagonista, el peatón, que es más débil y se encuentra más desprotegido.
Con el coche parado
La cortesía se demuestra ya antes de poner en marcha el vehículo, que hay que mantener en todo momento limpio y ordenado. El hombre abrirá la puerta a la mujer desde el exterior, y la cerrara con suavidad una vez ella se haya acomodado, después de dará la vuelta al coche para ocupar su asiento. Si una mujer accede al asiento trasero, no tendrá que moverse en él para dejar espacio a otra persona, sino que esta rodeará al vehículo para entrar por el otro lado. Si ello no fuera posible, entrará primero el hombre o la persona más joven, para evitar movimientos incómodos a la mujer o persona de más edad. Estas reglas operan en sentido inverso a la hora de abandonar el coche.
En el interior del vehículo, no se debe fumar, poner la radio o abrir las ventanillas sin consultar antes a los demás.
Los ocupantes del coche dejaran la conducción a cargo de quien lleva el volante, sin hacer continuas observaciones y consejos, que, además de demostrar falta de confianza, puede poner nervioso al conductor.
Protocolo de asientos
Los lugares a ocupar en el interior del vehículo guardan también su propio protocolo. Cuando lo conduce un chofer profesional, el lugar preferente es el de la derecha en la parte posterior del coche, por lo que si, además del chofer viajan dos personas, el propietario del vehículo o el de menos categoría ocuparán el asiento posterior izquierdo. Solo cuando el automóvil esté ocupado por más de dos personas, además del conductor profesional, uno de ellos se sentará delante.
Si conduce el propietario del coche, el lugar preferente es el del otro asiento delantero. En todo caso, esta plaza deberá ir siempre ocupada para que no parezca que quien conduce está ejerciendo de chofer sin serlo.
Procure que los gestos al bajarse del coche sean correctos y armoniosos. Si es mujer y lleva falda, cuide especialmente sus movimientos. Lo mejor, es tras abrir la puerta, ladear el cuerpo hacia el exterior, sacar primero el pie más próximo a la portezuela y luego el otro, saliendo con un leve impulso y manteniendo la cabeza un poco baja hasta estar completamente fuera.
A la hora de conducir, además de cortesía, algunas situaciones son incluso una demostración de solidaridad:
- Si encontramos un coche averiado, nos detendremos para preguntar si necesita ayuda y os ofreceremos para pedir los servicios de un taller. Si se trata de un pinchazo de rueda, podemos ayudar a cambiarla. Por supuesto, estos gestos deberán ser adecuadamente agradecidos.
- Si encontramos un vehículo accidentado, nuestra ayuda puede llegar a salvar una vida. Pasar de largo no sólo es un delito de omisión de socorro, es también una gravísima falta de insolidaridad.
- Si golpeamos a un automóvil que esta aparcado y vacio, lo correcto es dejar una tarjeta o nota con nuestros datos personales, incluido el número de teléfono, para que el perjudicado nos localice y pueda gestionar la reparación con la compañía de seguros.
- Si chocamos con otro vehículo en plena circulación, lo más importante es conservarla calma y no enzarzarse en discusiones bizantinas sobre las responsabilidades del golpe. Hay que cubrir los impresos del seguro y dejar que los profesionales resuelvan el problema.
TRANSPORTE PÚBLICO
Las aglomeraciones que suelen producirse en los transportes públicos son otra buena ocasión para demostrar nuestra cortesía. Ceda siempre el paso y el asiento a personas mayores o impedidas y a quienes llevan paquetes o pesos. La cesión debe ir precedida de un delicado ofrecimiento, pero ante un rechazo no se insistirá.
No estorbe a quienes tratan de subir al vehículo o a los que se bajan antes que usted. Si pisa o empuja a alguien, aunque haya sido un acto involuntario, pida disculpas. Si va acompañado, no hable en voz excesivamente alta ni de temas poco discretos.
En el autobús o en el metro, se considera de mala educación mirar insistentemente el periódico o la revista que va leyendo el viajero que nos precede, como si intentásemos leerlo al mismo tiempo que él, sobre su hombro.
Taxis
Cuando coja un taxi, salude al entrar e indique al conductor claramente el lugar al que se dirige. Si el taxista entabla una conversación sea extremadamente discreto y, por supuesto, no entre nunca en discusión. Al llegar a su destino, pregunte cuanto debe, compruebe que la cantidad corresponde al taxímetro o las tarifas vigentes y pague, añadiendo una propina en los lugares que así sea costumbre. Si lleva equipaje o bultos en el maletero, recójalos en último lugar evitando pagar en plena calle y espere a que se los tienda el conductor.
Autobuses y trenes
En autobuses de largo recorrido y en los trenes ayude a colocar el equipaje a quienes vea necesitados de auxilio. Si los asientos son numerados, compruebe bien su billete y la plaza que debe ocupar, aún así, si otro viajero le indica que está usted ocupando su lugar, no reaccione con enfado pues el error puede ser suyo; vuelva a verificar la numeración y ofrezca después las explicaciones oportunas.
Si su compañero de asiento entabla una conversación, hable con prudencia y evite comentarios familiares o privados. No abra ventanillas ni modifique la calefacción o el aire acondicionado sin consultar a los demás. En caso de querer colocar su asiento en posición reclinada, asegúrese antes que el cambio no incomode a quien ocupa la plaza de detrás suyo
Aviones
En los aviones, el espacio de que dispone cada viajero es muy pequeño, por lo que deberá extremarse la atención en no incomodar a quienes ocupan los asientos contiguos. El vuelo provoca en muchas personas una reacción de temor y hasta de miedo; si ese es su caso, no haga ostentación de ellos, ni hable sobre el tema a su compañero de asiento, que puede tener la misma sensación y verla incrementada con sus comentarios; si quien padece esta fobia es la persona que va sentada a su lado, quítele importancia y háblele de otro tema.
No estorbe a quienes tratan de subir al vehículo o a los que se bajan antes que usted. Si pisa o empuja a alguien, aunque haya sido un acto involuntario, pida disculpas. Si va acompañado, no hable en voz excesivamente alta ni de temas poco discretos.
En el autobús o en el metro, se considera de mala educación mirar insistentemente el periódico o la revista que va leyendo el viajero que nos precede, como si intentásemos leerlo al mismo tiempo que él, sobre su hombro.
Taxis
Cuando coja un taxi, salude al entrar e indique al conductor claramente el lugar al que se dirige. Si el taxista entabla una conversación sea extremadamente discreto y, por supuesto, no entre nunca en discusión. Al llegar a su destino, pregunte cuanto debe, compruebe que la cantidad corresponde al taxímetro o las tarifas vigentes y pague, añadiendo una propina en los lugares que así sea costumbre. Si lleva equipaje o bultos en el maletero, recójalos en último lugar evitando pagar en plena calle y espere a que se los tienda el conductor.
Autobuses y trenes
En autobuses de largo recorrido y en los trenes ayude a colocar el equipaje a quienes vea necesitados de auxilio. Si los asientos son numerados, compruebe bien su billete y la plaza que debe ocupar, aún así, si otro viajero le indica que está usted ocupando su lugar, no reaccione con enfado pues el error puede ser suyo; vuelva a verificar la numeración y ofrezca después las explicaciones oportunas.
Si su compañero de asiento entabla una conversación, hable con prudencia y evite comentarios familiares o privados. No abra ventanillas ni modifique la calefacción o el aire acondicionado sin consultar a los demás. En caso de querer colocar su asiento en posición reclinada, asegúrese antes que el cambio no incomode a quien ocupa la plaza de detrás suyo
Aviones
En los aviones, el espacio de que dispone cada viajero es muy pequeño, por lo que deberá extremarse la atención en no incomodar a quienes ocupan los asientos contiguos. El vuelo provoca en muchas personas una reacción de temor y hasta de miedo; si ese es su caso, no haga ostentación de ellos, ni hable sobre el tema a su compañero de asiento, que puede tener la misma sensación y verla incrementada con sus comentarios; si quien padece esta fobia es la persona que va sentada a su lado, quítele importancia y háblele de otro tema.
RESTAURANTES
Los restaurantes son, junto con otros locales de hotelería como bares o pubs, lugares donde el orden y la cortesía a la hora de ceder el paso se modifica en cierta medida. Si un hombre acompaña a una mujer, deberá ceder el paso en la puerta, pero después se adelantará a ella precediéndola hasta llegar al lugar donde van a tomar asiento.
Antes de sentarse, y si no lo hace el personal del restaurante, el varón cogerá las prendas de abrigo de la mujer para entregarlas al guardarropa, haciéndose cargo de la ficha correspondiente para recuperarlas a la salida.
Si mientras estamos en el restaurante, entra una persona conocida, basta con que le hagamos una señal de saludo. No es preciso que nos levantemos, aunque pase junto a nuestra mesa, a no ser que se trate de una persona mayor o la que queramos demostrar un especial respeto.
El camarero entregara la carta primero a las mujeres y después a los hombres, y cada uno elegirá el plato o el menú que desee tomar. Si alguien hace alguna sugerencia, no insistirá hasta el punto de que parezca una imposición y menos aún si se trata de la persona que invita.
A los camareros no se les tuteará ni se les llama a gritos ni golpeando la cristalería con los cubiertos, ni aún estando en un local poco formal; el aviso se hará mediante un gesto con la mano levemente levantada en el momento en que veamos que pasa cerca de nuestra mesa o esté mirando hacia ella. Cuando sirve, el camarero está haciendo su trabajo, no nos empeñemos en prestar innecesarias ayudas que podrían molestarle.
Antes de sentarse, y si no lo hace el personal del restaurante, el varón cogerá las prendas de abrigo de la mujer para entregarlas al guardarropa, haciéndose cargo de la ficha correspondiente para recuperarlas a la salida.
Si mientras estamos en el restaurante, entra una persona conocida, basta con que le hagamos una señal de saludo. No es preciso que nos levantemos, aunque pase junto a nuestra mesa, a no ser que se trate de una persona mayor o la que queramos demostrar un especial respeto.
El camarero entregara la carta primero a las mujeres y después a los hombres, y cada uno elegirá el plato o el menú que desee tomar. Si alguien hace alguna sugerencia, no insistirá hasta el punto de que parezca una imposición y menos aún si se trata de la persona que invita.
A los camareros no se les tuteará ni se les llama a gritos ni golpeando la cristalería con los cubiertos, ni aún estando en un local poco formal; el aviso se hará mediante un gesto con la mano levemente levantada en el momento en que veamos que pasa cerca de nuestra mesa o esté mirando hacia ella. Cuando sirve, el camarero está haciendo su trabajo, no nos empeñemos en prestar innecesarias ayudas que podrían molestarle.
TEATROS Y CINES
La puntualidad, siempre recomendable, se convierte en requisito imprescindible cuando acudimos a un espectáculo público en el que entrar con retraso pueda interrumpir y causar molestias al resto de los espectadores.
Lo correcto es acudir con antelación y ocupar nuestro asiento antes de que comience la función. En conciertos y representaciones de opera, es frecuente que los teatros impidan el paso a la sala a quienes llegan tarde, obligándoles a permanecer fuera hasta el entreacto.
En los asientos, rigen una vez más las reglas generales de cortesía. En palcos y plateas, los lugares delanteros se ceden a las mujeres, a las personas de más edad y aquellas con quienes queramos tener una deferencia. En butacas, la mujer ocupará el asiento situado a la derecha del hombre, que entrará tras ella en localidades pares, pero accederá a su asiento antes si se trata de localidades impares. En el caso de grupos, los asientos de los extremos serán ocupados por varones.
Puede ocurrir que estemos ya acomodados cuando lleguen espectadores que necesiten rebasar nuestro asiento para acceder al suyo. Los que llegan pedirán disculpas y harán un esfuerzo para estorbar lo menos posible; por su parte, quien ya está sentado facilitará el paso, incluso poniéndose de pie si ello fuera necesario.
Durante el concierto, la representación o la proyección de una película, se debe mantener un silencio absoluto, sin hacer comentarios que molesten a los demás. Procuraremos asimismo, no hacer continuos movimientos ni ruidos de ningún tipo.
Los aplausos
A la hora de los aplausos, el entusiasmo no debe estar reñido con la buena educación ni traducirse en alargada. En un concierto, no es difícil confundirse e iniciar las palmadas antes de que llegue el final de la interpretación; por ello, en caso de duda, es mejor esperar a los demás. Si la ovación se prolonga y el intérprete o intérpretes deciden ofrecer un “bis” o pieza de propina, los espectadores volverán a tomar asiento y a guardar silencio.
En la ópera, el ballet y el teatro, si la representación lo merece, es habitual que los aplausos se prolonguen para que vayan saliendo a escena y saludando a la ovación todos los componentes de la compañía o grupo. En los proyectos de cine, salvo rarísimas excepciones, los aplausos sólo proceden cuando el director o algunos de los intérpretes están en la sala, por ejemplo, si se trata de un estreno o una sesión especial.
Lo correcto es acudir con antelación y ocupar nuestro asiento antes de que comience la función. En conciertos y representaciones de opera, es frecuente que los teatros impidan el paso a la sala a quienes llegan tarde, obligándoles a permanecer fuera hasta el entreacto.
En los asientos, rigen una vez más las reglas generales de cortesía. En palcos y plateas, los lugares delanteros se ceden a las mujeres, a las personas de más edad y aquellas con quienes queramos tener una deferencia. En butacas, la mujer ocupará el asiento situado a la derecha del hombre, que entrará tras ella en localidades pares, pero accederá a su asiento antes si se trata de localidades impares. En el caso de grupos, los asientos de los extremos serán ocupados por varones.
Puede ocurrir que estemos ya acomodados cuando lleguen espectadores que necesiten rebasar nuestro asiento para acceder al suyo. Los que llegan pedirán disculpas y harán un esfuerzo para estorbar lo menos posible; por su parte, quien ya está sentado facilitará el paso, incluso poniéndose de pie si ello fuera necesario.
Durante el concierto, la representación o la proyección de una película, se debe mantener un silencio absoluto, sin hacer comentarios que molesten a los demás. Procuraremos asimismo, no hacer continuos movimientos ni ruidos de ningún tipo.
Los aplausos
A la hora de los aplausos, el entusiasmo no debe estar reñido con la buena educación ni traducirse en alargada. En un concierto, no es difícil confundirse e iniciar las palmadas antes de que llegue el final de la interpretación; por ello, en caso de duda, es mejor esperar a los demás. Si la ovación se prolonga y el intérprete o intérpretes deciden ofrecer un “bis” o pieza de propina, los espectadores volverán a tomar asiento y a guardar silencio.
En la ópera, el ballet y el teatro, si la representación lo merece, es habitual que los aplausos se prolonguen para que vayan saliendo a escena y saludando a la ovación todos los componentes de la compañía o grupo. En los proyectos de cine, salvo rarísimas excepciones, los aplausos sólo proceden cuando el director o algunos de los intérpretes están en la sala, por ejemplo, si se trata de un estreno o una sesión especial.
HOTELES
El relativo anonimato y la transitoriedad que son propios a la estancia en un hotel no suponen que podamos olvidar las normas de convivencia y cortesía que se deben a quienes, igual que nosotros, se hospedan en el establecimiento así como a su personal.
Una de las normas básicas es la necesidad de respetar el mayor silencio posible a partir de determinadas horas para no molestar a los huéspedes que están durmiendo o descansando. Dada la proximidad de unas habitaciones con otras, si se utiliza la televisión, la radio o el hilo musical, se vigilará también que el volumen no sea excesivo. Tampoco se alborotará en los pasillos.
Aunque la limpieza de la habitación es responsabilidad del hotel, habremos de mantener la habitación en orden, cuidando de no dejar prendas intimas o efectos personales desperdigados. En el cuarto de baño, el hecho de que nos cambien las toallas no significa que podamos tirarlas al suelo. Antes de abandonar la habitación, comprobaremos que los grifos han quedado bien cerrados y las luces apagadas.
Una de las normas básicas es la necesidad de respetar el mayor silencio posible a partir de determinadas horas para no molestar a los huéspedes que están durmiendo o descansando. Dada la proximidad de unas habitaciones con otras, si se utiliza la televisión, la radio o el hilo musical, se vigilará también que el volumen no sea excesivo. Tampoco se alborotará en los pasillos.
Aunque la limpieza de la habitación es responsabilidad del hotel, habremos de mantener la habitación en orden, cuidando de no dejar prendas intimas o efectos personales desperdigados. En el cuarto de baño, el hecho de que nos cambien las toallas no significa que podamos tirarlas al suelo. Antes de abandonar la habitación, comprobaremos que los grifos han quedado bien cerrados y las luces apagadas.
EN LA PLAYA, LA PISCINA Y EL CAMPING
El uso y disfrute de lugares como playas, piscinas y campings lleva aparejada una informalidad que no exime de las buenas maneras, empezando por las normas de higiene que habrá que extremar y extender al entorno.
Se trata de momentos en los que, pese al estar al aire libre, compartimos con otros un espacio determinado. Vigilaremos, por ello, que nuestros movimientos y nuestros juegos (y en especial los de los niños que estén a nuestro cargo) no molesten a nadie de nuestro alrededor. En algunas playas las zonas o los horarios de determinados juegos y prácticas deportivas están regulados, siendo imprescindible en estos casos seguir las indicaciones al respecto y más aun las relativas a la peligrosidad.
La colocación de toallas sobre la arena respetará el espacio y entorno ocupado por otros usuarios y, si es preciso sacudirlas, lo haremos casi a ras de suelo y poniendo extremo cuidado en no arrojar arena contra otras personas. Si queremos colocar una sombrilla, no impondremos sombra a nadie y aseguraremos que esta está suficientemente sujeta para que un golpe de viento no la convierta en un objeto peligroso.
Hay quienes acuden a la playa con un aparato de música; en estos casos, es preferible que esté conectado a unos auriculares para no obligar a los demás a escucharlo. Y si mantenemos una conversación con la persona o personas con las que hayamos acudido a la playa, lo haremos con un tono de voz moderada y sobre temas discretos.
En el caso de querer disfrutar de una comida en la misma playa, a su termino pondremos especial cuidado en recoger cualquier tipo de residuo para depositarlo en una papelera o contenedor (lo que no debe ser nunca sustituido por enterrarlo en la arena) sin dejar rastro de suciedad., norma que también atañe a los envases de bebida, a los tarros de productos solares o, en el caso de los fumadores, a las colillas. En las piscinas se deben seguir además todas las normas establecidas para el baño, como la prohibición de usar calzado en determinadas zonas, la necesidad de ducha previa o el uso preceptivo de gorro.
En cuanto a los campings, lo principal es no olvidar que se está compartiendo un espacio con otras personas a las que nuestras faltas pueden llegar a incomodar y estropear sus vacaciones. Es importante observar todas las normas de educación y extremar las de higiene cuando se trate del uso de servicios comunes.
Se trata de momentos en los que, pese al estar al aire libre, compartimos con otros un espacio determinado. Vigilaremos, por ello, que nuestros movimientos y nuestros juegos (y en especial los de los niños que estén a nuestro cargo) no molesten a nadie de nuestro alrededor. En algunas playas las zonas o los horarios de determinados juegos y prácticas deportivas están regulados, siendo imprescindible en estos casos seguir las indicaciones al respecto y más aun las relativas a la peligrosidad.
La colocación de toallas sobre la arena respetará el espacio y entorno ocupado por otros usuarios y, si es preciso sacudirlas, lo haremos casi a ras de suelo y poniendo extremo cuidado en no arrojar arena contra otras personas. Si queremos colocar una sombrilla, no impondremos sombra a nadie y aseguraremos que esta está suficientemente sujeta para que un golpe de viento no la convierta en un objeto peligroso.
Hay quienes acuden a la playa con un aparato de música; en estos casos, es preferible que esté conectado a unos auriculares para no obligar a los demás a escucharlo. Y si mantenemos una conversación con la persona o personas con las que hayamos acudido a la playa, lo haremos con un tono de voz moderada y sobre temas discretos.
En el caso de querer disfrutar de una comida en la misma playa, a su termino pondremos especial cuidado en recoger cualquier tipo de residuo para depositarlo en una papelera o contenedor (lo que no debe ser nunca sustituido por enterrarlo en la arena) sin dejar rastro de suciedad., norma que también atañe a los envases de bebida, a los tarros de productos solares o, en el caso de los fumadores, a las colillas. En las piscinas se deben seguir además todas las normas establecidas para el baño, como la prohibición de usar calzado en determinadas zonas, la necesidad de ducha previa o el uso preceptivo de gorro.
En cuanto a los campings, lo principal es no olvidar que se está compartiendo un espacio con otras personas a las que nuestras faltas pueden llegar a incomodar y estropear sus vacaciones. Es importante observar todas las normas de educación y extremar las de higiene cuando se trate del uso de servicios comunes.
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